Videojuegos como Veneno Mental

Hablo como gamer de toda la vida. No estoy en contra de los videojuegos, pero sí creo que hay cosas que vale la pena mirar con más atención.

Los videojuegos están diseñados para dar recompensas constantes: logros rápidos, pequeñas victorias, estímulos continuos. Eso genera picos de dopamina que hacen que jugar sea muy atractivo, pero también acostumbran al cerebro a la gratificación inmediata. El problema aparece cuando esa lógica se traslada a la vida real: todo lo que requiere esfuerzo a largo plazo empieza a costar cada vez más.

Muchos jugadores quedan atrapados en un bucle. Invierten horas desarrollando habilidades que solo sirven dentro del juego. Aprender mapas, combos o mecánicas complejas puede ser desafiante, pero fuera de ese mundo virtual no suele tener impacto real. El tiempo invertido no se recupera ni se traduce en mejoras concretas en la vida personal o profesional.

Jugar muchas horas también consume energía mental real. Estrategia, toma de decisiones, atención constante. El esfuerzo cognitivo existe, pero el premio suele ser solo un logro digital. La pregunta clave es: ¿qué pasaría si esa misma energía se usara para aprender algo con impacto real? Programar, aprender un idioma, desarrollar pensamiento crítico, liderar proyectos, emprender.

Incluso los gamers más hardcore, con habilidades impresionantes, suelen tener un conocimiento muy especializado y limitado al juego. Fuera de ahí, ese talento rara vez se traduce en ventajas reales.

El punto no es dejar de jugar. El punto es redirigir el enfoque. Si tenés la capacidad de dominar un juego complejo, también la tenés para crecer en otros ámbitos. La dopamina no es el problema: el problema es buscarla solo en recompensas vacías.

Los videojuegos no son el demonio, pero sí pueden convertirse en una comodidad que posterga lo importante. Si vas a gastar tiempo y energía, que sea en algo que te devuelva crecimiento real, no solo puntos virtuales.

Podés seguir jugando. Solo evaluá cuándo, cuánto y para qué.
La partida más importante está fuera de la pantalla.

gg.

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