Modelos mentales que cambiaran la forma de tomar decisiones

Durante mucho tiempo pensé que para tomar buenas decisiones necesitaba más información. Leer más, investigar más, comparar más opciones.

Con el tiempo me di cuenta de que el problema era otro: estaba pensando de forma desordenada.

Los modelos mentales son herramientas para pensar mejor. No te hacen más inteligente, pero te ayudan a cometer menos errores. Y eso, en la práctica, vale muchísimo.

Estos son los cinco modelos que más me cambiaron la forma de decidir.

1. Pensamiento de segundo orden

Este modelo me hizo darme cuenta de algo bastante simple: casi siempre pensamos en la consecuencia inmediata de una decisión, pero no en lo que viene después.

Un ejemplo muy común es aceptar un trabajo que paga mucho más. La primera consecuencia es obvia: ganás más plata. Pero después aparecen otras preguntas. ¿Vas a tener menos tiempo? ¿Más estrés? ¿Vas a dejar de aprender cosas nuevas? ¿Vas a tener energía para tus proyectos?

Muchas decisiones parecen buenas al principio y terminan siendo malas unos meses después.

Desde que conocí este modelo, antes de decidir algo importante me hago una pregunta.

“Si esto sale bien, ¿qué problema nuevo puede aparecer?”

Esa pregunta me frenó más de una vez.

2. El principio de Pareto

Este fue uno de los modelos que más impacto tuvo en mi forma de trabajar.

La idea es que una parte chica de tus acciones genera la mayor parte de los resultados. No siempre es exactamente 80/20, pero el patrón aparece todo el tiempo.

Me pasó escribiendo para el blog. Había días donde trabajaba muchas horas y avanzaba poco. Después empecé a mirar qué publicaciones realmente traían lectores, comentarios o ideas nuevas. Eran pocas.

Lo mismo pasa en un negocio, en el estudio o incluso en una conversación. Hay pocas cosas que realmente mueven la aguja.

La pregunta que me hago es esta.

“¿Qué es lo poco que genera la mayor parte del resultado?”

Cuando encontrás esa respuesta, dejás de repartir energía en veinte cosas al mismo tiempo.

3. La ley de la trivialidad

Este modelo explica algo que vi un montón de veces: la gente discute durante horas cosas insignificantes y evita hablar de lo importante.

En una reunión es muy fácil pasar media hora hablando del nombre de un proyecto, del diseño de un logo o del color de un botón. En cambio, discutir si el proyecto tiene sentido, si va a ganar plata o si alguien realmente lo necesita ya es mucho más incómodo.

En informática esto tiene un nombre bastante conocido: bikeshedding.

Desde que conocí esta idea, cuando una discusión se alarga demasiado me hago una pregunta.

“¿Estamos hablando de esto porque es importante o porque es fácil opinar?”

La diferencia es enorme.

4. La navaja de Hanlon

Este modelo me ahorró una cantidad ridícula de energía.

Dice algo muy simple: no asumas mala intención cuando una explicación más simple alcanza.

Alguien no respondió un mensaje. Un cliente se olvidó una reunión. Un compañero entregó algo mal.

Nuestra cabeza arma una película enseguida. “Me está ignorando”, “lo hizo a propósito”, “quiere perjudicarme”.

Muchas veces la realidad es mucho más aburrida: se olvidó, estaba ocupado, entendió mal o simplemente hizo un mal trabajo.

Eso no significa que la gente nunca actúe con mala intención. Significa que no conviene asumirla de entrada.

La pregunta que me hago es esta.

“¿Hay una explicación más simple para esto?”

La mayoría de los conflictos cotidianos mejora bastante cuando dejás de interpretar todo como un ataque personal.

5. El círculo de competencia

Este es probablemente el modelo más importante de todos.

La idea es aceptar que hay cosas que entendés y cosas que no.

Parece obvio, pero internet nos hace sentir que deberíamos tener opinión sobre todo: economía, inteligencia artificial, inversiones, medicina, política, nutrición y cualquier tema que aparezca en Twitter.

El problema no es no saber. El problema es creer que sabés más de lo que realmente sabés.

Cuando alguien invierte en algo que no entiende, muchas veces ni siquiera se da cuenta del riesgo que está tomando.

Hoy trato de distinguir entre dos tipos de decisiones: las que puedo tomar porque entiendo el tema y las que requieren aprender más o pedir ayuda.

La pregunta que me hago es esta.

“¿Entiendo realmente esto o estoy adivinando con confianza?”

Esa diferencia me evitó varios errores.

Lo que tienen en común estos cinco modelos

Lo que más me gusta de estos modelos es que no prometen éxito. No son hacks ni fórmulas mágicas.

Simplemente te ayudan a pensar un poco mejor.

El pensamiento de segundo orden evita decisiones impulsivas. Pareto evita desperdiciar tiempo. La ley de la trivialidad te devuelve el foco. La navaja de Hanlon te ahorra conflictos. El círculo de competencia te baja un poco el ego.

Y, por experiencia, descubrí algo bastante simple: la calidad de las decisiones depende mucho más de las preguntas que te hacés que de la cantidad de información que acumulás.

Desde que empecé a usar estos modelos, sigo equivocándome. Pero me equivoco bastante menos que antes.