El dia que invente Facebook

 

Me puse a revolver carpetas viejas y encontré un documento de Word del 2008. Y ahí estaba. Mi proyecto de red social. Mi Facebook antes de Facebook. Bah, antes de que Facebook explotara por acá.

Lo más gracioso es que en ese momento yo lo veía recontra serio. No era una fantasía de cinco minutos. Le había puesto nombre, había escrito páginas enteras de ideas, funcionalidades, permisos, plugins, integración con Flickr, YouTube, RSS, chat interno... un delirio hermoso.

La idea me parecía brillante. Quería que cada grupo de amigos tuviera su propio espacio privado. No un blog donde entrara cualquiera, tampoco un foro clásico que era medio tosco para el uso diario. Quería una especie de “foro nivel 2”, algo fácil de crear, fácil de personalizar y que sirviera para organizar la vida del grupo. Eventos, fotos, archivos, discusiones, calendarios, karma para los usuarios copados... incluso se me había ocurrido un sistema de plugins para que cada comunidad pudiera modificar el sitio a gusto.

Sí, plugins. En 2008. Cuando yo apenas entendía cómo corno iba a hacer todo eso.

El nombre era Bastión. Me encantaba. Sonaba a refugio, a lugar cerrado, a comunidad. También tenía anotados otros nombres: Bunker, Banda, Tablón... menos mal que no salió ninguno, porque hoy suenan a cibercafé con olor a pucho... por no decir culo... bueno lo dije.

Lo increíble es que el documento estaba bastante pensado. No era una hoja con tres ideas sueltas. Había una explicación del concepto, comparaciones con Blogger, Google Groups, vBulletin y hasta una referencia a los viejos BBS. Yo venía de esa cultura. De los foros, de los blogs, de los comentarios largos, de los avatares, de las firmas ridículas con GIFs animados. Internet todavía tenía esa sensación de barrio.

Y de golpe apareció Facebook.

Me acuerdo perfecto de esa sensación. Fue una mezcla de “qué bueno esto” con “la puta madre, me ganaron”. Porque era exactamente la dirección hacia donde yo estaba mirando. Ellos lo hicieron mejor, más simple y, sobre todo, antes.

Mi proyecto quedó archivado. Un par de documentos de Word, algunas hojas impresas y nada más. Facebook era más fácil de usar, todos mis amigos lo entendían al toque y ya estaba funcionando. ¿Quién iba a ponerse a construir Bastión desde cero?

Con el tiempo entendí que las ideas valen mucho menos de lo que uno cree. Lo que importa es ejecutarlas. Y también entendí otra cosa: a veces llegás cinco minutos tarde y esos cinco minutos son diez años.

Lo más loco es releer esa lista de funcionalidades. Muchas terminaron existiendo. Grupos privados, eventos, chat, galerías, etiquetas, perfiles únicos, integración multimedia, aplicaciones, sistemas de reputación... estaba todo ahí, aunque fuera de manera bastante inocente.

No digo que hubiera creado Facebook. Ni en pedo. Seguramente Bastión habría sido un caos programado con alambre y cinta adhesiva. Pero me dio ternura ver al pibe de 2008 convencido de que podía inventar algo grande.

Hubiera sido un golazo sacarlo primero.

Si tienen por ahí proyectos viejos guardados en un Word, ábranlos alguna noche. A veces te hacen reír. Y a veces te recuerdan que ya venías pensando ciertas cosas mucho antes de darte cuenta.


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