Un truco de estudio mejor que el Pomodoro

Hace poco escuché una idea sobre estudiar que me pareció bastante interesante.

Seguramente conocés la técnica Pomodoro. Esa que dice que estudies durante una cierta cantidad de minutos y después hagas una pausa.

Nunca me terminó de convencer del todo por una razón simple: ¿qué pasa si hoy no puedo concentrarme esos 25 minutos? ¿O qué pasa si puedo concentrarme mucho más?

La idea que escuché funciona al revés.

En lugar de decidir cuánto tiempo vas a estudiar, primero descubrís cuánto tiempo podés mantener la atención.

¿Cómo?

Muy simple.

Ponés un cronómetro y empezás a estudiar. Cuando te das cuenta de que te distraíste, que empezaste a pensar en otra cosa o que ya no estabas prestando atención, frenás el cronómetro.

Ese número es tu tiempo de concentración para ese día.

Puede ser media hora.

Puede ser veinte minutos.

Puede ser diez.

Y sí, aparentemente hay gente que descubre que solamente puede concentrarse diez minutos seguidos. Pero no pasa nada.

La idea es que uses ese tiempo como bloques de estudio.

Si hoy tu límite fueron 10 minutos, hacés bloques de 10 minutos. Si fueron 30, hacés bloques de 30.

Entre cada bloque descansás un poco y después volvés.

Lo que me llamó la atención es que contaban el caso de un estudiante que solo podía mantenerse enfocado durante 10 minutos. Aun así, terminó avanzando tanto como personas que se sentaban una hora seguida.

La diferencia era que durante esos 10 minutos estaba realmente concentrado.

Y tiene sentido.

Muchas veces uno dice "estudié una hora", pero si durante esa hora revisó el celular, pensó en cualquier cosa y se distrajo varias veces, en realidad no estudió una hora completa.

Otra cosa curiosa de este método es que cuando se termina el bloque de tiempo, hay que parar.

Aunque tengas ganas de seguir.

Aunque estés en medio de algo.

La primera vez que escuché eso pensé que era una locura.

Pero la explicación tiene bastante lógica.

Si cortás cuando todavía tenés ganas de seguir, tu cerebro se queda con la sensación de querer volver. Como cuando pausás una serie justo en la parte interesante.

En cambio, si seguís hasta agotarte, probablemente termines asociando el estudio con cansancio.

También recomiendan medir el tiempo todos los días porque no siempre tenemos la misma capacidad de concentración.

Hay días que dormimos bien y estamos enchufados.

Y hay días que no.

Por eso no tiene mucho sentido obligarse a cumplir siempre exactamente los mismos tiempos.

No sé si este método es perfecto, pero me gustó porque se adapta a cómo estás vos ese día, en lugar de obligarte a encajar en un número fijo.

Capaz vale la pena probarlo durante una semana y ver qué pasa.

No hay comentarios.:

Publicidad

Relacionado