La tierra debe plata

Me crucé con un video en Instagram que me voló la cabeza. El dato es real: la Tierra entera debe unos 315 billones de dólares.

A quién carajo le debemos plata? A los marcianos?

Pensalo cinco minutos. Vivimos en un planeta que te da todo lo que necesitás para existir sin cobrarte un peso. Hay agua, hay tierra para plantar comida, hay sol, hay madera. Todo está acá, listo y gratis por naturaleza.

Pero los humanos somos especiales. Inventamos un sistema donde todo cuesta un huevo y, encima, destruimos los recursos para mantener ese sistema vivo. Creamos las monedas como una "reserva de valor", pero la realidad es que ese papelito cada día vale menos. Trabajás más horas para comprar lo mismo que el año pasado. Super logico...

Avanzamos en tecnología, creamos inteligencia artificial, curamos enfermedades, pero colectivamente debemos más plata que nunca. No alcanzan los árboles del mundo para imprimir el papel físico de toda la deuda que acumulamos. Es una ficción total.

El problema de fondo no es solo el banco o el gobierno. El problema somos nosotros y lo que compramos. Vivimos corriendo en una rueda de hámster con una lógica nefasta:

  • Usamos plata que no tenemos (tarjetas, créditos).
  • Para comprar cosas que no necesitamos.
  • Con el único fin de impresionar a gente que ni siquiera nos cae bien o ni conocemos.

Y lo peor de todo es que a esa locura la llamamos "éxito". Si tenés el auto del año y tres tarjetas explotadas, sos un ganador. Si vivís tranquilo con lo justo, sos un quedado.

El sistema financiero global es un invento raro que nos atrapa a todos. Nos hicieron creer que acumular números en una pantalla es el objetivo de la vida, mientras el planeta se agota y la deuda sigue subiendo hacia la nada misma. No solo somos un fracaso, somos cómplices. Nos encanta quejarnos del sistema financiero, pero somos los primeros en hacer fila para comprar el último teléfono que salió al mercado, financiándolo en doce cuotas que nos van a doler hasta el alma.

Nos da pánico bajarnos de la rueda. Preferimos la ansiedad constante, el estrés de no llegar a fin de mes y la soga al cuello antes que admitir que estamos persiguiendo espejitos de colores. Inventamos la trampa, caímos adentro y ahora la defendemos como si fuera la única forma de vivir.

Somos de terror.

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