Pensando qué hace que un producto sea vendible

Hace no mucho me crucé con una idea que se repetía bastante en el mundo del e-commerce: para vender un producto por internet no alcanza con que sea bueno. Tiene que llamar la atención, resolver algo y dejar suficiente margen para que el negocio tenga sentido.

No es una teoría que haya desarrollado yo. La encontré en distintos contenidos sobre dropshipping y marketing digital, y en su momento me pareció interesante. Así que la dejo acá, pero con una aclaración: tomalo como una idea para investigar, no como una fórmula que yo haya probado y pueda garantizar.

Primero: conseguir que alguien mire

Internet tiene un problema bastante simple: hay demasiadas cosas para mirar. Por eso, si un producto aparece en una publicidad y parece exactamente igual a otros diez mil, probablemente nadie le dé demasiada bola.

Acá aparece el famoso "wow factor". No significa que el producto tenga que ser increíble. Significa que tiene que haber algo que haga pensar: "che, esto está bueno".

Una forma bastante simple de buscar ideas es mirar qué productos están apareciendo en anuncios. Por ejemplo, podés usar la Meta Ads Library para ver qué están promocionando otras empresas. También sirven TikTok Creative Center, Google Trends, marketplaces y hasta las reseñas de Amazon.

La idea no es copiar un producto y salir corriendo a venderlo. Es buscar patrones. Si muchas empresas diferentes están gastando plata para mostrar algo, probablemente haya un mercado. Después hay que investigar si ese mercado está saturado, cuánto cuesta conseguir el producto y cuánto estaría dispuesto a pagar un cliente.

Un ejemplo interesante: la Airfryer

Un buen ejemplo de producto que logró llamar la atención masivamente es la freidora de aire. No inventó cocinar con aire caliente, pero consiguió presentar una tecnología conocida de una forma muy fácil de entender.

La propuesta era simple: cocinar alimentos que normalmente freirías usando mucho menos aceite y de una manera bastante práctica.

Eso tiene algo importante. No necesitás explicarle al cliente durante veinte minutos qué problema resolvés. Lo entiende rápido.

Ese tipo de claridad vale muchísimo cuando vendés por internet.

Después viene el problema

Que algo llame la atención no significa que alguien lo vaya a comprar. El producto tiene que tener alguna utilidad.

Acá aparece una distinción bastante interesante: hay productos que resuelven un problema y otros que simplemente mejoran algo que ya hacemos.

Un buen ejemplo histórico es OxiClean. El producto no inventó la limpieza de ropa. Lo que hizo fue presentar una solución muy concreta para manchas difíciles y construir una demostración alrededor de eso.

La demostración es importante. Cuando podés mostrar el problema y después mostrar cómo desaparece, la publicidad se vuelve mucho más fácil de entender.

Esto también explica por qué algunos productos aparentemente absurdos terminan vendiendo muchísimo. No necesariamente son revolucionarios. Simplemente resuelven una molestia que mucha gente tiene.

El margen también importa

Acá aparece la parte menos divertida.

Podés encontrar un producto espectacular, conseguir miles de visitas y vender bastante. Y aun así perder plata.

Supongamos que comprás un producto a 10 euros y lo vendés a 30. A primera vista parece un negocio bárbaro. Pero después aparecen publicidad, comisiones, impuestos, envío, devoluciones, productos defectuosos y otros gastos.

Si gastás 12 euros para conseguir cada cliente, ya no parece tan buen negocio.

Por eso no alcanza con mirar cuánto cuesta el producto. Hay que calcular cuánto queda después de todos los gastos.

Una cuenta simple sería:

Precio de venta - producto - envío - publicidad - comisiones = ganancia real.

El famoso markup de tres o cinco veces el costo que aparece en muchos cursos de dropshipping puede servir como referencia inicial, pero no es una ley. Dependiendo del producto, del canal y del costo de adquisición, puede ser insuficiente o innecesario.

¿Cómo buscaría un producto?

Si hoy tuviera que investigar una idea desde cero, no empezaría buscando "productos ganadores". Esa frase ya está demasiado quemada.

Buscaría problemas.

Miraría comentarios negativos en marketplaces, publicaciones de Reddit, videos de TikTok, reseñas de productos y foros. Buscaría frases como "ojalá existiera...", "lo malo de este producto es..." o "¿cómo puedo solucionar...?".

Después compararía esas necesidades con lo que ya existe.

También miraría anuncios activos. Si una empresa lleva meses mostrando el mismo producto, puede ser una señal de que encontró algo que funciona. No garantiza nada, pero es información útil.

Y recién después miraría proveedores y precios.

El producto no es el negocio

Esta es probablemente la parte que más me interesa de todo esto.

Un producto puede ser excelente y fracasar. Otro puede ser bastante mediocre y vender muchísimo.

La diferencia muchas veces está en cómo se presenta.

Apple, por ejemplo, no vende solamente computadoras y teléfonos. Durante años construyó una forma muy particular de presentar sus productos. La publicidad, el diseño, las tiendas y hasta la forma de mostrar una característica forman parte del producto que percibe el cliente.

Por eso, cuando encontrás una idea interesante, la pregunta no debería ser solamente "¿esto se vende?".

También habría que preguntar:

"¿Puedo explicar en cinco segundos por qué alguien debería querer esto?"

Si la respuesta es sí, ya tenés algo para investigar.

Lo que me llevo de esta idea

Cuando encontré estos conceptos por primera vez, me parecieron una especie de receta para encontrar productos ganadores. Hoy los veo de una manera bastante más simple.

No hay un producto mágico. Hay productos que llaman la atención, resuelven problemas y tienen una economía que permite venderlos con ganancia.

Y ninguna de esas cosas garantiza el éxito.

Lo interesante es usar estos criterios como un filtro. Primero buscás algo que la gente quiera mirar. Después comprobás si realmente lo necesita. Finalmente hacés los números.

Si falla cualquiera de las tres cosas, probablemente haya que seguir buscando.

Y si las tres funcionan, recién ahí empieza el trabajo de verdad: conseguir que alguien compre.


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