Veo mucho que nos acostumbramos a estar hechos mierda. Y eso lo veo extremadamente complicado.
Lo raro es que ya ni sorprende. Siempre hay alguien con un problema de salud, con ansiedad, con la espalda destruida, con sobrepeso, con insomnio o con alguna medicación nueva. Y al mismo tiempo siempre hay alguien que no llega a fin de mes. Lo llamativo es que las dos cosas se volvieron paisaje. Como si fuera inevitable.
Y no, no debería ser normal.
Hace un tiempo empecé a mirar el fitness desde otro lugar. No como una cuestión estética, sino económica. Suena medio un poco raro, pero cuanto más lo pienso, más cierra.
La primera cuenta es brutalmente simple: comer menos suele costar menos. Parece una pavada, pero vivimos en una cultura que te empuja a picotear todo el día. Desayuno, media mañana, almuerzo, merienda, pre-entreno, post-entreno, cena, snack nocturno… ¿En qué momento se decidió que había que vivir masticando? Si la mayoría de la gente tiene sobrepeso, claramente el problema no es que falte comida.
La comida tiene un propósito: mantenerte funcional. Nada más. El resto es industria, costumbre y ansiedad.
Después están los vicios. Ahí directamente hay una aspiradora conectada a la billetera. Alcohol, cigarrillos, pedidos por aplicación, salidas compulsivas. Todo eso suma una cantidad obscena de plata. Y encima te deja peor de lo que estabas. Es como pagar una suscripción para sentirte mal.
Lo más gracioso es que muchos dicen que el gimnasio es caro. Comparado con qué. Dos salidas a comer afuera y ya pagaste el mes. Y mientras entrenás no estás gastando en boludeces. Además dormís mejor, y dormir es probablemente la actividad más rentable del planeta: ocho horas sin gastar un mango.
Acá viene la parte que me hizo ruido de verdad. Las cosas más saludables suelen ser sorprendentemente baratas. Caminar es gratis. Correr también. Hacer flexiones en el piso de tu casa cuesta exactamente cero pesos. Incluso el ayuno, que a muchos les parece una excentricidad, es literalmente un período en el que no estás comprando comida.
Es casi un chiste.
Obviamente no estoy diciendo que levantar una mancuerna te convierta automáticamente en millonario. Sería una estupidez. Pero sí creo que hay un efecto dominó que la mayoría subestima. Cuando estás más fuerte, dormís mejor. Cuando dormís mejor, pensás mejor. Cuando pensás mejor, tomás mejores decisiones. Cuando tomás mejores decisiones, dejás de prender fuego plata en hábitos que te destruyen.
La energía también tiene un valor económico. Llegar al final del día sin estar arrastrándote cambia mucho más de lo que parece. Hay gente que vive tan cansada que cualquier problema le parece imposible. Y no porque sea incapaz, sino porque el cuerpo está funcionando con el freno de mano puesto.
Lo que más me rompe las bolas es que nos enseñaron a buscar soluciones complejas para problemas bastante básicos. Aplicaciones de finanzas, cursos, hacks, productividad, suplementos rarísimos. Y capaz el primer paso era salir a caminar cuarenta minutos y dejar de desayunar medialunas todos los días.
No hay magia. Hay una cuenta bastante aburrida que casi nadie quiere hacer.
Si estás postergando entrenar “para cuando tengas tiempo”, hacé la prueba una semana. Después contame si no cambia un poco la cabeza.
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