Hay una pregunta que me parece más útil que “¿cómo hago plata?”:
¿Por qué alguien me daría plata?
Cuando lo pensás un poco, cambia la forma de mirar un negocio. Podés vender productos, hacer trabajos, crear contenido o programar una aplicación. Las formas son infinitas, pero casi siempre hay algo en común: resolvés un problema, cumplís un deseo o hacés algo más fácil.
Vender algo
Un producto puede cubrir una necesidad, como una computadora o una herramienta. También puede satisfacer un deseo, como unas zapatillas o un perfume.
O puede vender comodidad. Una aspiradora robot, por ejemplo, no resuelve un problema grave. Simplemente te evita una tarea.
Y después está el status o la novedad. Hay cosas que compramos no porque las necesitemos, sino porque nos gustan, nos representan o nos generan curiosidad.
Vender lo que sabés hacer
Con los servicios pasa algo parecido. No vendés una cosa: vendés tu tiempo, conocimiento o capacidad.
Un plomero resuelve un problema. Un programador construye algo. Un fotógrafo registra un momento. Un profesor te ayuda a aprender.
También pagamos por entretenimiento, comodidad y experiencias. Netflix, delivery, cursos, viajes y un montón de servicios existen porque alguien prefiere pagar antes que hacerlo por su cuenta.
Hay algo en común
Cuando empecé a mirar todo esto de esta manera, encontré algo bastante simple:
La gente no compra productos o servicios. Compra resultados.
El que compra un taladro probablemente no quiere el taladro. Quiere hacer un agujero.
El que contrata a un diseñador no quiere un archivo. Quiere una imagen que le sirva para algo.
Entonces, ¿por dónde empezar?
Yo arrancaría al revés. En vez de pensar “¿qué puedo vender?”, pensaría:
¿Qué problema puedo resolver?
Puede ser algo grande o una pequeña molestia. Alguien necesita reparar algo, ahorrar tiempo, aprender, divertirse o conseguir algo que no encuentra fácilmente.
Eso puede ser una oportunidad. Pero ojo: que algo sea útil no significa que alguien vaya a pagar por eso.
Una forma distinta de mirar la plata
Por eso me interesa menos la idea de “encontrar una forma de ganar dinero” y más entender por qué alguien estaría dispuesto a pagarme.
No hace falta inventar el próximo Facebook. Muchas veces alcanza con hacer algo que alguien necesita y hacerlo mejor, más rápido o más cómodo.
Puede ser un producto, un servicio, conocimiento o entretenimiento.
Al final, la pregunta es bastante simple:
¿Qué problema, deseo o necesidad estoy resolviendo para otra persona?
Si no tengo una buena respuesta, probablemente todavía no tengo un negocio. Tengo una idea.
Y no es lo mismo.
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