Hace rato vengo mirando listas de multimillonarios (sí, alto hobby de nerd insomne) y siempre termino en la misma pregunta: ¿estos tipos son casos irrepetibles o hay un patrón que se repite? Porque si fueran cien historias completamente distintas, listo, chau teoría. Pero cuanto más mirás, más aparece algo que se parece a una regla del juego.
La conclusión que me cayó como es bastante simple: cada generación encontró una forma de apalancarse mejor que la anterior. No es que una herramienta mató a la otra. Es más como esos videojuegos donde desbloqueás un arma nueva que no reemplaza a las anteriores, pero cambia completamente la partida.
El fondo de la cuestión me parece recontra sólido. La forma en que solemos hablar de la riqueza, en cambio, es chotísima. Nos venden frases motivacionales de LinkedIn, “levantate a las cinco”, “mentalidad de tiburón”, “el secreto del éxito”. La mayoría de esos consejos tienen el mismo valor que un folleto de un gimnasio abandonado.
Hubo una época en la que el dinero era la gran ventaja. Si entendías cómo invertir y tenías tiempo, el interés compuesto hacía magia. Buffett es el ejemplo clásico. El tipo convirtió décadas en una máquina de fabricar patrimonio. Pero hoy competir solo con capital es mucho más difícil. La información está por todos lados. La ventaja ya no es tan obscena.
Después vino el software y ahí sí explotó todo. Google, Amazon, Facebook, PayPal. Gente que construyó algo una vez y pudo venderlo millones de veces. Esa escalabilidad era una monstruosidad. Programar en los noventa o en los dos mil era como encontrar un atajo que el resto todavía no veía. Entraba como piña en cara de bobo.
Pero incluso eso se empezó a commoditizar. Hoy hacer software es mucho más accesible. Hay herramientas, IA, frameworks, código abierto. El problema ya no es solo construir. El problema es que alguien se entere de que existís. Y acá aparece la parte que me voló un poco la cabeza.
El contenido.
Y no hablo de hacerse influencer bailando en TikTok (podes hacerlo igual). Hablo de que la capacidad de captar atención se convirtió en un activo económico. MrBeast, Rogan, Kylie Jenner… modelos distintos, misma lógica. Primero audiencia. Después negocio.
Lo más loco es que la barrera de entrada nunca fue tan baja. Publicar es gratis o casi gratis. Lo difícil es que alguien vuelva mañana a leerte. Ahí está la trampa. La atención es el recurso escaso. Y eso cambia completamente el tablero.
Me hace gracia cuando algunos dicen “yo no tengo marca personal”. Hermano, la tenés igual. Cada cosa que publicás, cada proyecto que mostrás, cada comentario que dejás, todo suma. Incluso desaparecer durante años también comunica algo. La diferencia es si manejás esa imagen o la dejás librada al azar, como un auto sin volante bajando una pendiente.
Hay algo que me parece importante aclarar porque internet está lleno de vendehumo: esto no significa que el contenido garantice hacerse rico. NADA garantiza eso. Si existiera una fórmula, estaría saturada hace veinte años. Pero sí creo que entender cuál es el apalancamiento dominante de una época te da perspectiva. Antes era el capital. Después el software. Hoy, muchas veces, es la distribución.
Y capaz dentro de veinte años nos reímos de esto porque aparece otra herramienta completamente distinta. Una IA que haga algo que hoy ni imaginamos, una tecnología rara, otra forma de coordinar personas. Qué sé yo. Pero ignorar el cambio actual me parece tan absurdo como haber ignorado internet en 1998.
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