El dia que entendí la escasez


Pensamientos que se me generan por la mente cada tanto... Por qué hay gente que compra oro, relojes, monedas viejas o cómics como si fueran lingotes. Y la respuesta de esto no es tan misteriosa. Es más vieja que la humedad.

La mayoría cree que una inversión es poner plata en un banco, un plazo fijo o algún fondo que tiene un nombre en inglés. Yo cada vez desconfío más de cualquier cosa que dependa de que otro imprima más papel o cambie una regla de un día para el otro. Será deformación argentina, qué sé yo.

Hay una idea que me cambio el paradigma: los activos escasos tienen algo que el dinero no tiene. Son difíciles de crear. Y cuando algo es difícil de crear, normalmente termina siendo difícil de reemplazar.

Si pensamos en el oro. Todo el oro extraído en la historia entra en un cubo relativamente chico. Es muy loco. No podés apretar un botón y fabricar toneladas de oro porque al ministro de turno se le ocurrió emitir. Lo mismo pasa con una obra de un artista muerto, un reloj raro o una primera edición de un libro. La oferta tiene un techo.

Y después está el deseo. Porque una piedra rara tirada en un baldío no vale nada. Lo que hace explotar el precio es que haya otra persona dispuesta a pagar una fortuna por tenerla. Un Rolex no compite con el reloj del celular. Compite con el ego, con el estatus y con esa necesidad humana de mostrar que uno llegó a algún lado. Nos guste o no, eso existe desde que el primer cavernícola quiso impresionar a otro con un garrote más grande.

Lo que más me interesa es la portabilidad. Si mañana tenés que irte del país, un departamento no entra en una mochila. Un reloj, una moneda valiosa o incluso una billetera con bitcoin sí. En un mundo donde todo parece estable hasta que deja de serlo, esa flexibilidad vale mucho más de lo que parece.

Además duran. El oro no se oxida. Las monedas antiguas siguen existiendo siglos después. Hay cuadros pintados hace quinientos años que hoy valen más que edificios enteros. Es raro encontrar algo que sobreviva a gobiernos, crisis, guerras y modas.

Obviamente no estoy diciendo que vendas todo y compres diamantes como un villano de James Bond. De hecho, algunos mercados de colección son una timba. Pero hay una diferencia enorme entre guardar billetes debajo del colchón y tener una parte del patrimonio en cosas que no pueden multiplicarse por decreto.

Lo curioso es que esto aparece en lugares insólitos. Cómics, juguetes de los 90, zapatillas limitadas, cámaras vintage, guitarras viejas, cartas de Pokémon. Parece un delirio hasta que ves los precios y te caés de ojete. La escasez hace cosas muy raras con la cabeza humana.

Al final, el dinero es una herramienta. Los activos escasos son una forma de almacenar tiempo, trabajo y deseo ajeno. Y eso, por alguna razón, sobrevive mejor que muchos billetes.

Termino de escribir esto y me voy a poner a buscar precios de monedas antiguas...


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