Cómo la luz del sol puede sanar tu cuerpo

Hace unos días vengo leyendo sobre la luz, las mitocondrias y toda esa fauna microscópica que vive adentro nuestro. Parece ser que cierta luz puede hacer que tus células funcionen mejor. 

Uno escucha “terapia con luz roja” y automáticamente imagina una clínica futurista con máquinas carísimas y gente envuelta en leds como si estuviera marinando para un asado, o suene verso. Pero no. 

Resulta que el sol, ese mismo que muchos evitamos como si fuera un villano de Marvel, o DC, también juega ese partido.

Lo más interesante no es la luz en sí, sino lo que pasa adentro de las células. Las mitocondrias son básicamente las centrales energéticas del cuerpo. Agarran el oxígeno y los nutrientes y fabrican ATP, que es la moneda con la que funciona todo. Literalmente todo. Si producís poco ATP, no es solo que estés cansado: es que la maquinaria está rindiendo menos. El clasico “no tengo energía” lo podemos ver de otra manera.

Después aparece un nombre digno de jefe final de videojuego: citocromo c oxidasa. Es una enzima de las mitocondrias que absorbe luz roja e infrarroja cercana. Cuando recibe esa luz, aumenta la producción de ATP, mejora la circulación porque libera óxido nítrico y ayuda a regular procesos inflamatorios. Sí, suena técnico, pero el efecto práctico es bastante simple: las células pueden trabajar mejor.

La fotobiomodulación, si parece dificil pero son tres palabras en una (Foto Bio Modulación) no parece mas verso pero yo eso me lo hice una vez, pensando eso justamente, pero la verdad que me sirvió. Hay estudios en dolor crónico, cicatrización, inflamación, recuperación muscular e incluso algunas aplicaciones neurológicas. No es una cura mágica para todo. Pero tampoco es humo.

Lo que más me quedó es algo mucho más básico: el amanecer y el atardecer. En esos momentos predomina la luz roja y la infrarroja cercana, con muy poco ultravioleta. Es decir, justo el tipo de luz que parece interactuar mejor con las mitocondrias. Y nosotros, como unos campeones, solemos perdernos esos horarios porque estamos encerrados mirando un monitor.

Buscar en Google: Horario en [LUGAR] de luz roja y la infrarroja cercana del sol

Encima hacemos el combo completo: nos despertamos sin ver el sol y terminamos el día bañados en luz artificial. Es como cargar el celular con un cargador roto y después sorprendernos porque la batería dura poco... la comparación es medio pedorra, pero se entiende.

Lo de la luz nocturna también me hizo ruido. La melatonina no aparece por arte de magia. Si a las dos de la mañana tenés el departamento iluminado como un supermercado chino, el cerebro entiende que sigue siendo de día. Ese desfase termina afectando el sueño, la inflamación, el apetito y un montón de cosas que después atribuimos al estrés, a la edad o a “estoy medio hecho mierda”.

No digo que mañana vaya a convertirme en un druida solar que saluda al amanecer en cuero. No hay chance. Pero sí me parece una de esas ideas que cambian un hábito concreto: salir diez minutos a la mañana, caminar un rato, bajar un cambio al atardecer y dejar de creer que el cuerpo funciona igual a cualquier hora.

Voy a apagar esta pantalla antes de seguir contradiciendo todo lo que acabo de escribir. Y si alguno prueba lo del amanecer durante un par de semanas, después cuente si era verso o si tenia algo de verdad.


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