Gabe Newell plantea una mirada bastante distinta sobre uno de los problemas habituales de la vida digital: pasar horas haciendo scroll en redes sociales, mirando videos y saltando de una distracción a otra.
Ante la preocupación por personas que pueden pasar cinco o incluso diez horas por día consumiendo contenido y evitando otras actividades, su respuesta no apunta directamente a imponer más disciplina ni a demonizar las redes sociales. Para él, la cuestión pasa por encontrar algo que te interese más que aquello que hoy te está distrayendo.
Para Newell, las redes sociales no son un entretenimiento tan atractivo
Newell explica que él no es un usuario intensivo de redes sociales. Su relación con estas plataformas tampoco parece particularmente atractiva: las describe como un juego basado, en buena medida, en provocar indignación, sorpresa o enojo.
El punto interesante de su argumento es que esa dinámica puede dejar de resultar estimulante después de un tiempo. Si una actividad ya no te genera demasiado interés, entonces no necesariamente tenés que combatirla con fuerza de voluntad: podés buscar otra cosa que te resulte más atractiva.
La pregunta, entonces, cambia.
En lugar de preguntarte únicamente "¿cómo hago para usar menos las redes?", podrías preguntarte "¿qué podría hacer que me interese tanto que prefiera dedicarle mi tiempo?".
La alternativa no es simplemente dejar de hacer cosas
Acá aparece la parte más interesante de su respuesta. Newell propone buscar actividades que despierten suficiente curiosidad como para competir con la distracción.
Su ejemplo es bastante concreto: si te gusta mirar anime, en lugar de limitarte a consumirlo, podrías intentar averiguar cómo construir algo relacionado con el anime.
Y si lo que te interesa son las redes sociales, otra posibilidad sería intentar construir una red social para vos, tus amigos o incluso para la gente de tu universidad.
La lógica es sencilla: pasar de consumir pasivamente a intentar crear algo.
No significa que todo el mundo tenga que convertirse en programador ni que construir una aplicación sea automáticamente mejor que mirar videos. El planteo apunta a otra cosa: encontrar una actividad que despierte suficiente interés como para que la distracción deje de ser la opción más atractiva.
"Ingeniá" tu propia distracción
Newell resume esta idea de una manera curiosa: en vez de intentar escapar constantemente de las distracciones, podés buscar una distracción que sea más interesante que las demás.
Es casi una inversión del problema.
Si el celular, las redes o los videos consiguen captar tu atención porque ofrecen estímulos constantes, una actividad propia puede competir de otra manera: te obliga a participar, resolver problemas, tomar decisiones y descubrir cosas por tu cuenta.
Por eso sus ejemplos no apuntan simplemente a reemplazar TikTok por otra forma de consumo. La diferencia está en pasar de mirar algo que otra persona hizo a preguntarte cómo podrías hacer algo vos.
El eterno problema de "la juventud de hoy"
La otra parte de la respuesta de Newell apunta a una discusión mucho más vieja: la idea de que las generaciones jóvenes son cada vez más perezosas y tienen menos ética de trabajo que las anteriores.
Newell directamente desconfía de esa explicación.
Su argumento es que las generaciones anteriores también escucharon exactamente las mismas críticas. Los adultos de una época suelen mirar a los más jóvenes y concluir que no trabajan tanto, que tienen menos disciplina o que no valoran el esfuerzo de la misma manera.
Y quienes hoy hacen esas críticas fueron, en otro momento, los jóvenes sobre los que sus propios padres y generaciones anteriores tenían las mismas quejas.
Por eso, para Newell, la tesis de que cada nueva generación es particularmente más vaga que la anterior no resulta convincente.
El cambio de pregunta
La respuesta de Newell termina planteando una forma diferente de mirar el problema de la distracción.
En vez de asumir que alguien que pasa horas en redes sociales simplemente es vago o carece de voluntad, vale la pena preguntarse qué está encontrando ahí que no encuentra en otras actividades.
Y después aparece una segunda pregunta todavía más interesante: ¿qué actividad podría resultarle más atractiva?
La solución, entonces, no necesariamente consiste en luchar contra cada distracción. Puede consistir en encontrar algo que te dé suficientes motivos para querer dejar de mirar la pantalla y empezar a hacer otra cosa.
No porque trabajar más sea moralmente superior, sino porque hacer algo que realmente te interesa puede ser mucho más poderoso que obligarte a abandonar algo que te distrae.
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