Convertir el tiempo muerto en un registro de tu vida

Todos tenemos momentos muertos durante el día. Esperar, viajar, hacer tiempo antes de una reunión o simplemente tener diez minutos sin nada que hacer. Muchas veces esos momentos terminan consumiéndose mirando el teléfono sin hacer demasiado.

Pero también se pueden aprovechar para algo bastante más interesante: construir de a poco un registro de las cosas que fuimos consumiendo y disfrutando a lo largo de nuestra vida.

No hace falta convertirlo en una tarea ni dedicarle una tarde entera. La idea es aprovechar esos pequeños espacios para completar progresivamente diferentes registros.

Registrar lo que consumimos

Pensá en todo lo que pasó por tu vida: películas, series, libros, videojuegos, discos, anime, manga o cualquier otra cosa que hayas consumido.

Podés utilizar plataformas especializadas para llevar esos registros. Por ejemplo, IMDb o Letterboxd para películas, Goodreads para libros y otras plataformas similares para diferentes tipos de contenido.

El objetivo no necesariamente tiene que ser calificar todo o escribir una reseña. A veces alcanza con dejar constancia de que eso formó parte de tu vida.

Incluso podés empezar por reconstruir lo que recordás de los últimos años y completar el registro de a poco. No importa que al principio falten cosas.

Registrar primero, documentar después

Una distinción importante es separar el registro de la documentación.

Registrar debería ser algo rápido: agregar una película, marcar un libro como leído o incorporar un videojuego que terminaste. Si después tenés ganas de escribir qué te pareció, recordar dónde lo descubriste o explicar por qué fue importante para vos, eso puede hacerse en otro momento.

Si cada registro requiere completar demasiados datos, el sistema rápidamente se transforma en una obligación y probablemente dejes de usarlo.

Una lista para aprovechar los momentos muertos

Otra posibilidad es mantener una pequeña lista de cosas pendientes de registrar.

  • Películas que viste y todavía no registraste.
  • Libros que leíste hace años.
  • Videojuegos que terminaste.
  • Discos que escuchaste.
  • Series que recordás haber visto.
  • Contenidos que querés incorporar a tu registro.

Entonces, cuando aparece un momento muerto, no necesitás pensar qué hacer.

Tenés una lista preparada y simplemente elegís algo.

Cinco minutos pueden alcanzar para registrar algunas películas. Diez minutos pueden servir para completar libros de determinado año. Si disponés de más tiempo, podés ordenar o completar información que haya quedado pendiente.

El resultado aparece con el tiempo

Lo interesante de este sistema no es lo que hacés durante esos cinco o diez minutos, sino lo que terminás construyendo después de meses o años.

De a poco empezás a tener una especie de inventario de tu propia vida cultural: qué películas viste, qué libros leíste, qué juegos jugaste y qué música escuchaste.

Y esos datos pueden terminar siendo mucho más interesantes que una simple lista.

También pueden servir para recordar épocas determinadas. Una película puede llevarte a un año concreto, un libro puede recordarte una etapa de tu vida y un videojuego puede quedar asociado a un momento particular.

Una capa personal por encima de las plataformas

Las plataformas especializadas pueden encargarse del registro básico, mientras que una herramienta como Obsidian puede utilizarse para conservar solamente aquello que realmente quieras desarrollar.

No necesitás crear una nota extensa para cada cosa que consumís.

Podés registrar una película en una plataforma y, solamente cuando tengas algo que decir sobre ella, crear una nota propia y relacionarla con otros temas, personas, obras o ideas.

Así se evita convertir el registro en una enorme base de datos burocrática.

La idea es mucho más sencilla: usar pequeños momentos que normalmente se pierden para ir construyendo, casi sin esfuerzo, un archivo de las cosas que formaron parte de tu vida.