¿Cuántos Estadios Llenás?

Durante bastante tiempo tuve una idea completamente equivocada sobre las redes sociales.

Veía una cuenta con 1.000, 3.000 o 10.000 seguidores y pensaba: “es una cuenta chica”. No porque hubiera hecho un análisis serio, sino porque internet te acostumbra a compararte con números absurdos.

Siempre hay alguien con un millón. O con diez millones.

Y, al lado de eso, cualquier cifra parece insignificante.

El problema es que las redes sociales nos hacen perder la escala.

Un día hice un ejercicio mental bastante simple: imaginé a todos esos seguidores en un lugar físico.

Ahí cambió todo.

Trescientas personas ya son una charla muy concurrida. Quinientas personas llenan un salón importante. Tres mil personas ocupan un teatro completo. Diez mil personas implican una logística enorme. Y cuando llegás a decenas de miles, ya estás hablando de estadios.

Lo raro es que esos mismos números, en Instagram o YouTube, aparecen escritos con una tipografía de doce píxeles. Un numerito al lado de una foto de perfil.

La interfaz comprime la realidad.

Creo que por eso tanta gente siente que nunca es suficiente. Porque la comparación siempre ocurre dentro de una pantalla donde un millón parece estar a un par de clics de distancia. Pero en el mundo real, un millón de personas es una ciudad.

También me hizo pensar en algo que solemos olvidar: cada seguidor es una persona.

Alguien que decidió prestar atención. Que podría cruzarse con vos por la calle. Que tiene una vida, un trabajo, problemas, amigos y tiempo limitado. Cuando reducimos todo a una métrica, perdemos de vista eso.

No estoy diciendo que los seguidores sean lo único importante. De hecho, muchas veces una audiencia pequeña pero comprometida vale más que una enorme e indiferente.

Lo que digo es que subestimamos muy rápido ciertas cifras.

Si alguien te dijera que esta noche vas a dar una charla frente a 3.000 personas, probablemente sentirías un poco de vértigo. Sin embargo, muchas personas ven ese mismo número en una red social y piensan que “todavía no despegaron”.

Capaz el problema no es el tamaño de la audiencia.

Capaz el problema es que dejamos de imaginar a la audiencia como personas.


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