Tenía ganas de escribir sobre algo que me viene dando vueltas hace unos días: las palabras.
Es increíble pensar que hay empresas enteras que dependen de algo tan simple como poner unas palabras en el orden correcto.
Un producto puede ser exactamente el mismo, pero cambia completamente la forma en que lo vemos dependiendo de cómo nos lo presentan.
Eso es, en parte, el copywriting.
No se trata simplemente de escribir bonito. Se trata de entender a quién le estás hablando y qué querés conseguir con lo que escribís.
Un buen texto tiene que hacer que alguien se detenga.
Después tiene que conseguir que siga leyendo.
Y, finalmente, que haga algo.
El problema es que muchas veces confundimos esto con llenar un texto de frases motivacionales, signos de admiración y palabras como "éxito", "libertad" o "cambiar tu vida".
Eso no es vender. Eso es gritar.
Para mí, lo interesante del copywriting está en otra parte: entender qué quiere una persona.
Nadie compra un taladro porque quiera tener un taladro. Lo compra porque necesita hacer un agujero.
Parece una tontería, pero cambia completamente la forma de comunicar un producto.
Lo mismo pasa con un curso, un programa, un servicio o cualquier otra cosa.
La gente no compra solamente lo que vendés. Compra lo que cree que eso puede hacer por ella.
Y después está la confianza.
Internet está lleno de gente prometiendo resultados tremendos. Todos tienen el método definitivo, el secreto que nadie conoce y la fórmula para ganar dinero mientras dormís.
A esta altura, cuando alguien me promete demasiado, automáticamente desconfío.
Por eso creo que un buen texto también tiene que demostrar algo. Ejemplos, resultados, experiencia. Algo que permita pensar: "Bueno, quizás este tipo sabe de lo que está hablando".
Y ahora aparece la inteligencia artificial en todo esto.
Puede ayudarte muchísimo a escribir, ordenar ideas o probar distintas formas de decir algo. Pero todavía hay una diferencia importante entre escribir correctamente y decir algo que realmente le llegue a alguien.
Podés tener una herramienta impresionante, pero primero tenés que saber qué querés hacer con ella.
Al final, creo que el copywriting tiene bastante menos de literatura y bastante más de psicología.
Escuchar.
Entender.
Encontrar qué le importa al otro.
Y después tratar de explicarlo de la mejor manera posible.
Las palabras son solamente el vehículo.
Lo complicado es saber hacia dónde querés llevarlas.
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