Hay una forma bastante frustrante de buscar oportunidades: asumir que siempre están en otro lugar.
Otro país. Otro trabajo. Otra ciudad. Otro contacto. Otra idea. Otra persona que tuvo más suerte que vos.
Acres de Diamantes, de Russell H. Conwell, parte de una historia bastante simple para cuestionar justamente esa forma de pensar.
Un hombre vende su tierra porque está convencido de que en algún lugar del mundo existen diamantes que podrían hacerlo rico. Sale a buscarlos, recorre distintos lugares y termina perdiéndolo todo. El detalle irónico es que los diamantes estaban en su propia tierra desde el principio.
La historia es una metáfora bastante obvia, pero la idea que hay detrás sigue siendo interesante: podemos pasar tanto tiempo buscando una oportunidad extraordinaria que terminamos ignorando las oportunidades que ya tenemos delante.
El problema de buscar demasiado lejos
Imaginemos a alguien que quiere empezar a ganar dinero por su cuenta.
Se pasa meses investigando negocios en Internet. Mira dropshipping, criptomonedas, Amazon FBA, afiliados, inteligencia artificial, trading y todo tipo de modelos que funcionan para otras personas.
Mientras tanto, en su propio trabajo hay compañeros que pierden horas todas las semanas haciendo una tarea que él sabe automatizar. El pequeño comercio de la esquina tiene una página web abandonada. Un conocido necesita organizar cientos de archivos. Otro negocio no sabe cómo vender por Internet.
Quizás ninguna de esas cosas parezca una oportunidad millonaria.
Pero una persona puede pagar por resolver cualquiera de esos problemas.
Ahí está la parte del libro que más me interesa. La oportunidad no necesariamente aparece como una idea brillante. Muchas veces aparece disfrazada de algo mucho menos atractivo: un problema que alguien necesita resolver.
Los diamantes suelen parecer problemas
Hay una diferencia importante entre buscar una idea y buscar una necesidad.
Cuando buscás una idea, preguntás:
“¿Qué negocio podría inventar?”
Cuando buscás una necesidad, la pregunta cambia:
“¿Qué problema existe alrededor mío que alguien estaría dispuesto a pagar por solucionar?”
La segunda pregunta es mucho más concreta.
Un restaurante que recibe reservas por WhatsApp y pierde clientes porque tarda en responder tiene un problema. Una persona que necesita ordenar miles de fotografías tiene un problema. Un negocio que no sabe utilizar sus propios datos tiene un problema.
No hace falta inventar una necesidad. Muchas veces alcanza con encontrar una que ya existe.
El error de buscar la plata afuera
Creo que esta es la parte que más me quedó del libro.
Es muy fácil imaginar que para ganar más dinero primero tenemos que cambiar nuestra situación completa. Conseguir otro trabajo. Mudarnos. Aprender algo completamente nuevo. Encontrar una idea revolucionaria.
Y quizás a veces sea necesario.
Pero antes conviene mirar alrededor.
¿Qué sabés hacer que otra persona no sabe? ¿Qué tarea hacés fácilmente que para otro resulta complicada? ¿Qué problema escuchás repetirse constantemente? ¿Qué cosas te piden ayuda para resolver?
Esas preguntas son mucho más útiles que sentarse frente a Google a buscar “ideas para hacerse rico”.
No se trata de encontrar una mina de diamantes
Acres de Diamantes fue escrito en una época muy diferente a la nuestra y algunas de sus ideas sobre riqueza están claramente atravesadas por la mentalidad de su tiempo. No lo tomaría como un manual moderno para hacerse millonario.
Lo interesante es la metáfora.
El libro no demuestra que todas las oportunidades estén literalmente al lado nuestro. A veces realmente hay que irse, cambiar de trabajo, emigrar, aprender algo nuevo o empezar desde cero.
La enseñanza que rescato es otra: antes de abandonar lo que tenés para buscar algo mejor, asegurate de haber entendido qué valor puede tener lo que ya tenés.
La frase que resume todo
“Dondequiera que exista una necesidad, existe la posibilidad de hacer una fortuna.”
No sé si una necesidad realmente puede convertirse en una fortuna. Muchas no lo harán.
Pero como forma de mirar el mundo, la frase funciona.
Porque cambia la pregunta de “¿dónde está la plata?” por una mucho más interesante:
“¿Qué problema puedo resolver?”
Y quizás esos sean los diamantes que vale la pena buscar primero.
¿Te gustó esta publicación?
Podés comentar, compartir la publicación con otros, seguirme a través de fuentes RSS y/o enviarme un mensaje.