The Eelder Scrolls Oline


Son casi las 10 de la noche, tengo el mate hace rato convertido en una especie de brebaje negro con gusto a culpa. Y acá estoy, otra vez, metiéndome en un agujero del que no se sale fácil: The Elder Scrolls Online. (Bah, decir "agujero" es quedarse corto. Esto es una cueva de Dwemer con siete niveles más abajo y un cartel que dice "no entres si tenés vida social").

Porque ESO tiene algo que pocos MMO logran. Te sentás pensando "hago una misión rápida y cierro". Tres horas después estás corriendo por medio Tamriel buscando una piedra de Mundus, cambiando una build, instalando un add-on para ordenar el inventario y preguntándote cómo carajo terminaste leyendo sobre runas de potencia a las cuatro de la tarde.

La primera vez que entrás es un quilombo hermoso. Razas, alianzas, clases, builds, sets, profesiones, puntos de campeón... parece que te tiraron encima una biblioteca de magia antigua y te dijeron "arreglate". Pero cuando empezás a entender cómo funciona, ahí aparece la magia del juego.

Acá hay que separar las cosas.

El fondo de The Elder Scrolls Online es una bestialidad. La cantidad de contenido es absurda. Tenés historias, regiones, mazmorras, PvP, crafteo, coleccionables, eventos, gremios... una cantidad de cosas para hacer que tranquilamente podría darte meses de juego. El mundo de Tamriel está recontra trabajado y se nota que atrás hay décadas de historia de la saga. No es simplemente matar bichos porque sí. Hay política, guerras, dioses, razas con conflictos y una cantidad de lore que parece escrito por un tipo encerrado veinte años en una biblioteca comiendo pizza fría.

Ahora... la forma tiene sus cosas.

Visualmente sigue siendo un juego muy lindo, especialmente cuando agarrás una zona y te ponés a mirar los detalles. Hay lugares que parecen sacados de una ilustración de fantasía. Pero la interfaz base... mamita. Es como si alguien hubiera diseñado un auto deportivo y después le hubiera puesto el tablero de un micro de los años 80. Funciona, sí. Pero podría ser muchísimo mejor.

Por suerte aparecen los add-ons y ahí el juego cambia completamente.

Instalar herramientas como Minion para manejar complementos es casi obligatorio. No porque el juego sea injugable sin ellos, sino porque después de acostumbrarte a cosas como mapas mejorados, inventarios ordenados, información de sets y ayudas para craftear, volver atrás es como usar Windows 95 después de probar una PC moderna.

HarvestMap, MiniMap by Fyrakin, PerfectPixel, Dolgubon's Lazy Writ Crafter, Inventory Insight... son de esos pequeños milagros que hacen que ESO pase de "buen MMO" a "mi casa durante los próximos seis meses".

Y después viene la parte que más confunde al nuevo jugador: ¿por dónde carajo empiezo?

Porque ESO tiene un problema hermoso: tiene demasiado contenido.

Podés arrancar por la historia principal, seguir las zonas por orden cronológico, hacer mazmorras, perderte en una ciudad o simplemente convertirte en un loco que junta materiales por todo el mapa. No hay una única forma correcta.

Eso sí, una recomendación: no te quemes intentando tener la build perfecta desde el minuto uno. Hay gente que abre el juego y a los diez minutos ya está mirando tablas de daño, porcentajes y cálculos y es un gran error a mi parecer.

Primero jugá.

Elegí una alianza, probá una clase y disfrutá.

Si querés ir por daño mágico, los Altmer o los Dunmer suelen ser bestias. Si querés tanque, los Nords son una pared con patas. Para healer, Breton y Argonian funcionan muy bien. Pero tampoco te vuelvas loco. No estamos operando a corazón abierto. Es un videojuego, no una tesis doctoral.

Después viene el verdadero vicio: los sets.

Porque en ESO el equipo no es simplemente "más daño". Cada conjunto tiene una identidad. Mother’s Sorrow, Briarheart, Necropotence... nombres que al principio parecen lugares de una novela de Tolkien, pero después terminás hablando de ellos como si fueran marcas de zapatillas.

"Che, me falta completar el set."

"¿Cuál?"

"El de Deshaan."

Y ahí ya sabés que estás perdido.

También están los pequeños detalles que nadie te explica al principio. Subir la velocidad del caballo todos los días. Hacer una mazmorra aleatoria diaria. Aprender dónde están los altares para resetear habilidades. Usar Tamriel Trade Centre para no vender cosas a precio de caramelos.

Son esas pavadas las que hacen que dejes de sentirte un turista y empieces a sentirte parte del mundo.

The Elder Scrolls Online no es perfecto. Tiene momentos medio repetitivos, una interfaz mejorable y una curva inicial que puede tirar para atrás a más de uno. Pero cuando engancha, engancha MAL.

Es de esos juegos donde un día estás siguiendo una misión épica y al siguiente estás sentado en una ciudad mirando cómo otro jugador pasa con una montura gigante mientras vos pensás "algún día voy a tener eso".

Y probablemente vas a terminar farmeando para conseguirlo.

Porque así funciona esta enfermedad hermosa llamada MMO.

Me voy antes de terminar buscando otra build y perder dos horas más mirando números. Si están metidos en ESO o quieren arrancar, pasen por la comunidad de "Alianza Latina" y compartan que es gente compada y organizada para jugar es gente que pasó demasiadas horas en Tamriel.


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