Ayer no escribí porque se me hizo tardísimo. De esos días donde decís "en un rato me pongo" y cuando mirás el reloj son las dos de la mañana, tenés el mate lavado al lado y la cabeza funcionando como una licuadora sin tapa. Afuera un frío de cagarse, la ciudad medio apagada y yo revisando apuntes de un tipo con más referencias históricas que una biblioteca vieja. Porque una cosa hay que reconocerle a Milei: podrá gustarte o no, pero el tipo nunca llega a una entrevista con dos frases memorizadas y chaucha y palitos. Siempre viene con algún economista, algún filósofo o algún personaje histórico abajo del brazo.
Este documento es básicamente una radiografía de cómo piensa. No es una biografía, ni una defensa, ni una crítica. Es más parecido a abrirle la carpeta de apuntes a alguien recontra obsesionado con un tema y encontrar un bolonki de nombres, conceptos, frases y conexiones. Un quilombo organizado (bah, en realidad bastante organizado para alguien que habla a mil por hora).
Lo primero que llama la atención es la cantidad de veces que aparece Juan Bautista Alberdi. Para Milei, Alberdi es casi el abuelo intelectual de la Argentina que pudo haber sido y no fue. La idea central es que el país arrancó con una Constitución inspirada en la libertad, la producción y la apertura, pero después fue girando hacia otro lado. El argumento es que nos acostumbramos a vivir de reglas que premiaban la dependencia en lugar del trabajo.
Ahí aparece una de las ideas que más repite: la cultura de la dádiva. La crítica a la idea de que un Estado grande puede resolver todo repartiendo recursos. Para él, eso termina generando una sociedad menos productiva. Una especie de máquina donde todos esperan algo del Estado pero nadie mira quién está pagando la cuenta.
Después entra toda la banda de economistas liberales. Mises, Hayek, Friedman, Rothbard, Menger, Hazlitt. Un equipo que parece sacado de una reunión secreta de tipos con barba tomando café y discutiendo por horas sobre precios, dinero y libertad. Es una mezcla bastante falopera para alguien que nunca tocó un libro de economía, porque hay conceptos que no son precisamente fáciles.
La idea que atraviesa casi todo es que los precios son señales. Que cuando alguien compra o vende algo está transmitiendo información. Y que cuando el Estado mete mano, rompe esa señal. Para Milei, un precio intervenido es como ponerle una venda a alguien que está manejando: quizás al principio parece que todo sigue igual, pero tarde o temprano terminás contra una pared.
El guión de esta película es medio una pavada si uno espera encontrar una explicación simple del mundo. Porque la economía real es muchísimo más sucia, llena de excepciones y con gente tomando decisiones irracionales todo el tiempo. Pero el dibujo del personaje es de un monstruo total y lo salva. La cantidad de referencias que tira es ZARPADA. Podés estar completamente en desacuerdo con una idea, pero hay que admitir que el tipo construyó un sistema mental bastante sólido.
También está esa obsesión con separar liberalismo de "derecha". Ahí entra el famoso gráfico de Nolan, Locke y toda la discusión sobre libertad individual. Para Milei, la política argentina está mezclada como una pizza con ananá y huevo duro: nadie sabe bien qué está defendiendo cada uno. Su propuesta es ordenar el tablero entre quienes creen en más intervención estatal y quienes quieren reducirla.
Obviamente hay puntos donde el asunto se vuelve más polémico. Aborto, cambio climático, Banco Central, planes sociales, FMI, educación, jubilaciones. Ahí aparecen las discusiones más fuertes porque ya no hablamos solamente de teoría económica sino de valores. Y cuando entran los valores, cada uno viene con su propia mochila.
Hay algo medio BIZARRO en ver cómo un economista convierte conceptos académicos en un espectáculo. Porque seamos sinceros, escuchar a alguien explicar la banca Simons, el teorema de Arrow o la ventaja comparativa de Ricardo en televisión no es precisamente el programa más entretenido del mundo. Es más aburrido que esperar el colectivo bajo la lluvia. Pero Milei encontró una manera de transformarlo en una especie de pelea de boxeo intelectual.
La forma también juega muchísimo. La estética del personaje, el pelo imposible, los gritos, las frases explosivas. Todo eso parece una caricatura salida de un cómic de los 90. Una mezcla entre rockstar, profesor universitario y personaje de videojuego RECONTRA limado. Podés pensar que es genial o que es un exceso total, pero claramente no pasa desapercibido.
El fondo puede discutirse durante horas. De hecho, ese es el punto. No es una colección de ideas tranquilas para leer antes de dormir. Es una propuesta que viene a patear la mesa, tirar los vasos al piso y decir "arranquemos de nuevo". Eso genera admiradores fanáticos y enemigos furiosos. Casi no deja espacio para el medio.
La pregunta interesante no es solamente si tiene razón o no en cada punto. La pregunta es cómo llegó a construir ese mapa mental y por qué logró que millones de personas que nunca habían escuchado hablar de Mises o Hayek estén ahora discutiendo sobre inflación monetaria, bancos centrales y sistemas de precios.
Y eso, guste o no, es bastante raro. En un país donde muchas discusiones políticas terminaban en slogans vacíos, apareció un tipo hablando de libros de economía como si fueran discos de una banda de culto. Una verdadera bizarreada argentina.
Nada más, por hoy. Abrazo grande y si les interesa el tema, peguen una mirada a algunos de esos libros porque hay varias ideas que, aunque no las compartas, te obligan a pensar un rato.
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