Hasta ahora, Windows XP está en su mejor momento. Ya era hora de darle un fondo de pantalla a la altura: un Superman plateado, bien logrado.
Mientras tanto suena Awaken, de Disturbed. Es una de esas canciones que parecen escritas para esos días en los que la bronca y la frustración se acumulan. No resuelve nada, pero acompaña. Tiene esa energía que te empuja a levantarte y seguir. Lo único que falta es una explosión.
Y para eso está Quake III Arena.
Pocos juegos transmiten esa sensación de velocidad como lo hace Quake III. Todo pasa en cuestión de segundos. No hay tiempo para pensar demasiado ni espacio para dudar. Entrás a un mapa y el objetivo es simple: moverte, disparar y seguir adelante. Si te detenés, durás muy poco.
Cada partida es un caos perfectamente diseñado. Los rivales aparecen desde cualquier dirección, los cohetes cruzan el escenario y cada salto puede ser la diferencia entre seguir vivo o volver a empezar. Hay momentos en los que terminás una partida con el corazón acelerado. Durante esos minutos no existe nada más. Solo la concentración, los reflejos y el instinto.
Y si hablamos de clásicos de aquella época, hay otro que también merece un lugar.
eMule.
Para muchos fue mucho más que un programa para descargar archivos. Fue una puerta de entrada a música, películas, juegos y programas que, de otra forma, probablemente nunca habrían conocido. La piratería siempre generó un debate incómodo. Por un lado, perjudicó a muchos creadores. Por otro, también permitió que obras y artistas llegaran a lugares donde el acceso era prácticamente imposible o demasiado costoso.
No alcanza para justificarla, pero sí ayuda a entender por qué marcó a toda una generación. En muchos casos, el primer contacto con una banda, una película o un videojuego ocurrió gracias a una copia compartida entre desconocidos. Después, cuando podían, muchos terminaban comprando el original, y otros no. La realidad siempre fue más compleja que el simple "está bien" o "está mal".
Mirando hacia atrás, cuesta separar a Windows XP de todo ese contexto. El escritorio con un buen wallpaper, Disturbed sonando de fondo, una partida de Quake III para descargar tensión y eMule trabajando silenciosamente en segundo plano forman parte de una misma fotografía. Una época en la que la computadora era mucho más que una herramienta: era el lugar donde pasaban las mejores horas del día.
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